
martes, 1 de abril de 2008
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Un mundo de veinte asientos. Un bus o un tren subterraneo es la limitada geografía donde habita la fauna objeto de mi observación. Pero aún en la pasividad del acarreo colectivo laten las pasiones de la especie. La belleza y la miseria, la lujuria, lo grotesco, la gloria y la nada. Mi aldea en tránsito.